Pues sí, por fin he subido el video del discurso. Para el que no lo sepa, es el discurso que hicimos Paula y yo en la ceremonia de graduación de nuestra carrera, Ingeniería Informática.
Pensándolo ahora, desde la lejanía, después de haberlo escuchado unas cuantas veces y de haberlo leído también unas cuantas veces, tengo sensaciónes raras, encontradas.
En el momento de ponerme a escribir el discurso, o más bien, en el momento en el que llegó a mis oídos la idea de que tenía que haber un discurso en una ceremonia de graduación, a mi la verdad es que me hizo bastante ilusión. Muchos saben la ilusión que me hacía dar este discurso, y sólo algunas pocas saben lo que me parecieron ciertas ideas sobre quién debía hacer el discurso y como se iba a decidir, jeje.
Esta ilusión de dar este discurso no se basaba en lo que algunos creen ( a Pablo le gusta más hablar que a un tonto un lapiz, etc… ). Como dice mi hermano, eso se soluciona regalandome un megafono para que me desahogue.
Esta ilusión se basaba en que los dos últimos años de carrera yo he estado estudiando Ingeniería Informática en la Escuela Técnica Superior de Informatica y Telecomunicaciones de la Universidad de Granada, pero parecía que yo iba allí como una persona extraña, ajena a la facultad. Estos últimos años he tenido la sensación de que no tenía vida de universitario, o por lo menos, no la de un universitario de 21 años. A veces tenía la sensación de que era como esos adultos que se ponen a estudiar a los 50, y van, hacen lo que tengan que hacer en la escuela y se van corriendo de allí, a hacer su vida lejos de la facultad, como si fuera una cosa secundaria en la vida.
No tenía la sensación de tener muchos amigos allí ( principalmente, porque muchos de ellos se habían ido: o de la carrera, o a estudiar fuera ) y los que tenía en la facultad ( que ellos y ellas saben quienes son, y lo que valen de verdad ) estaban un poco desperdigados. La prueba de que mis amigos están desperdigados es que para celebrar que he terminado la carrera he tenido que ir invitandolos de dos en dos o uno en uno en diferentes días, porque no soy capaz de reunirlos a todos en un mismo bar…
Si a este problema (del que no culpo a nadie, o en todo caso, a mi mismo, por ser tan desastre) le sumamos que la gente en informática (ojo, salvo contadas excepciones con las que he coincidido y de lo cual estoy muy contento) es muy introvertida, y tambien hay que decirlo, a veces es egoísta, pues tenemos la deducción de por qué me sentía extraño en clase en estos últimos años.
¿ Qué tiene que ver este rollo con mis ganas de hacer el discurso ? Para mí, hacer el discurso era mi reivindicación de que estaba ligado de verdad con la carrera y la facultad en la que he empleado cinco años de mi vida, que no era una persona que iba y venia de la facultad, sin importarle nada de nada de lo que sucedier allí. Yo no quiero pensar que estos cinco años me han servido sólo para que me den un papelito que dice que soy ingeniero. Quiero pensar que me han servido para mucho más, aunque estos dos últimos años no hayan sido del todo buenos. Supongo que sobre todo quería demostrarme que no estaba tan alejado de toda la carrera como creía.
Eso por un lado. Por otro lado, en los últimos tiempos, he tenido la sensación de que mucha gente iba a su bola, y que sólo unos poco ejercían de estudiantes de informática, para bien o para mal, para organizar cosas, montarlas, o para hacerlas. Parecía que sólo esas personas eran estudiantes de informática ( no por culpa suya, sino porque la gente en informática va muy muy muy a su bola, qué le vamos a hacer… ). Y supongo que no quería que sólo esas personas estuvieran también metidas en esto. Quería una cosa que fuera de todos, no sólo de esas personas. Por eso también me dio por hacer el discurso, más de una lo sabe bien, eh rosa? jeje
Ahora, después de leerlo y verlo varias veces, me doy cuenta de que me equivoqué al pensar que hacer este discurso me iba a quitar la sensación de abandono de la facultad. Fue muy bonito hablar para todo el mundo, hacer que todo el mundo se riera recordando cosas (y que algunas llorasen describiendo los buenos y los malos momentos :P) y que la gente se pusiera de pie para aplaudirnos. Pero no es lo que necesitaba para quitarme esa sensación.
Seguramente, lo que necesitaba no existía. Pero da igual, ahora sé que no lo necesito. Sé lo que tengo a mi alrededor, se qué he sacado de estos últimos cinco años, y pese a lo mal que han venido algunas veces, no me arrepiento de las cicatrices que me han quedado. Tengo en el cofre del tesoro a los amigos que me han quedado de mi andadura por la universidad ( y puedo presumir de que cada uno, en lo suyo, en esto de la amistad, es de los mejores ). A los que tuve y perdí a lo largo de la travesía, los miro con nostalgia, y a veces con tristeza, pero nunca con rencor.
Supongo que habrá gente que piense: “Madre mía, este cabrón sólo hizo el discurso para desquitarse consigo mismo, no le importaba nada la gente que iba a escuchar el discurso”.
La verdad es que no estoy seguro de poder contradecir esa frase. Bueno, un poco a medias si. A mi me importaba lo que le pareciera el discurso a mucha gente de la que estaba allí, pero no a todo el mundo. Pero ni de lejos, vamos. Y de todas formas, viendo lo que me decía la gente los días anteriores al discurso, procuré escribir un discurso que encajara con todo el mundo. A veces tuve la sensación de que había gente preocupada con que pudiera decir algo malo de ellos en el discurso. Si lo pensaron, que no lo sé, no me conocen nada de nada. Poca gente se merece ese tipo de humillaciones, y no soy yo el tipo de persona que decide quién la merece, ni tengo, en ningún caso, la autoridad para hacerlo. No confundamos que puedo tener mala leche cuando estoy de cachondeo con que soy un hijo de puta.
Por último, para acabar este tochazo, quiero decir que hacer el discurso con Paula, para mí, multiplicó por diez el valor de éste. Si lo hubiera hecho yo solo, hubiera sido mucho más aburrido, menos interesante para todos, y además, yo me hubiera sentido aún más lejos de la gente a la que le hablaba. Con Paula salvamos todos esos problemas de golpe. Es difícil encontrar una persona tan simpatica, divertida y buena gente como Paula. No dudé ni un momento que quería hacer el discurso con ella cuando me lo dijo Alberto en la cena de graduación. Sinceramente, si hubiera venido otra persona le hubiera dicho claramente que prefería hacerlo solo. Pero con Paula lo vi todo mucho más claro, e incluso, me animó aún más a hacerlo. Es por ello que le doy las gracias desde aquí, y le mando un besote muy fuerte.
Y con este agradecimiento, me despido ya, que se ve que no soy capaz de ponerme a escribir sin soltar tochazos…
Un abrazo, y que vuestra sonrisa os acompañe!